El participar en una audiencia oral forma parte de
la labor de los profesionales en leyes. En pre-grado existen materias que nos
instruyen sobre cómo debemos desarrollar ese acto procesal, la forma en la que
está estructurada, qué importancia tiene la misma y, otras cuestiones. Pero, son
pocas las veces que nuestros docentes comparten su primera experiencia; como lo
hicieron, que sintieron, que tal les fue o donde fue. El estudiante sale
conociendo el contenido de la norma, sin embargo, existen ciertos detalles que
le serian útiles conocer para desenvolverse mejor en el ejercicio de la
profesión.
En esta oportunidad les contaré la experiencia que
yo mismo viví en mi primera audiencia oral. Nadie me había dicho lo que sentiría en ese momento o darme
consejos para tener una primera experiencia lo más llevadera posible. En fin, para
desarrollar el relato, nos planteamos ciertas interrogantes: 1) ¿Qué sentí
cuando me enteré de la notificación?; 2) ¿Cómo diseñé la estrategia?; 3) ¿Dónde
fue?; 4) ¿Qué sentí minutos antes?; 5) ¿Cómo se desarrolló la audiencia? y; 6)
¿Que sentí después de concluido el acto procesal? Las líneas del presente texto,
representa: la vivencia de un profesional boliviano.
¿Qué sentí cuando me enteré de la notificación?Cuando me notificaron sentí emoción, pues solo me
informaron que me tocaba asumir defensa de una persona. La emoción comenzó a
tornarse en inquietud a momento de aborde el asunto con mayor atención. Me puse
averiguar por diferentes medios sobre el caso que me tocaba asistir. Grande fue
mi sorpresa, la prensa devoraba al sujeto que debía defender. Nuestro defendido
era una celebridad –lo decimos en sentido irónico–; existían columnas escritas sobre él en los diferentes
periódicos de la ciudad, sin olvidar que los informativos de televisión también
pusieron su cuota. De la gran emoción que tenía, pase a sentirme inquieto y
presionado, debía realizar un buen trabajo ante esta causa.
¿Cómo diseñe la estrategia?
Fui notificado cuarenta y ocho (48) horas antes de la celebración de la
audiencia. Tuve que acercarme al juzgado para revisar el expediente judicial y
sacar las copias que me serían necesarias para asumir defensa, lo hice en horas
de la tarde. Por la noche, al cenar con mis familiares, no dejaba de pensar en
el individuo que debía defender; pero lo más importante, que es lo que diría
ante el juez. En fin, una vez concluida la cena decide descansar una hora para
despejar la cabeza y trabajar con mayor claridad. Me esperaba una larga noche
para estudiar el caso, lo hice, termine exhausto pero con el diseño de defensa
preparado. Esta primera experiencia no me dejo tranquilo en ningún momento, se
inmiscuía en mis pensamientos y actividades extra laborales.
¿Dónde fue?
El lugar donde se desarrollaría el acontecimiento
seria: el Tribunal Departamental de Cochabamba, en uno de sus juzgados de
ejecución penal. Este sería el espacio donde pondría a prueba todas mis horas
de lectura, años de estudio y esfuerzo. El lugar se encontraba relativamente
tranquilo cuando llegue, no había mucho movimiento de gente, abogados ni
periodistas. Asumí defensa de una celebridad que generó repercusiones
mediáticas en pocas semanas. Cuando llego el procesado, el ambiente cambio, provocó
mayor movimiento de personas en pocos minutos. El conocido “Palacio de Justicia”
se convirtió en el lugar de mi primer debate jurídico en el ejercicio de la
profesión.
¿Qué sentí minutos antes?
Llego el día. Al despertar por la mañana, sabiendo
de lo que me esperaba horas más tarde, no tenía intenciones de soltar las
sabanas, me tape la cara con ellas y me puse a pensar: ¿Cómo saldría la
audiencia?; ¿Estoy lo suficientemente preparado para ella?; ¿La estrategia era
adecuada y coherente?; pensé en las posibilidades que tenia de ganar o perder.
Me hice de valor y salí de la cama directo a echarme un baño, me vestí, aliste
el material para la audiencia y salí de casa a afrontar mi primera experiencia.
Pase por la plaza 14 de septiembre –lugar histórico y turístico– había mucha
gente que caminaba apurada, incluso yo; a unos metros de la plaza sobre la
calle Sucre me acerqué a un puesto de venta y compre una botella pequeña de
agua vital y unos cuantos dulces de menta, para consumirlos después.
Llegue al tribunal, antes conocido como el Palacio
de Justicia, tuve la suerte de abordar el ascensor solo, ya dentro, viéndome en
el espejo pregunte ¿Qué estoy haciendo aquí? Se abrió la puerta del ascensor,
ya no había vuelta atrás, era hora de demostrarme a mí mismo de que estaba
hecho. Anuncie mi presencia en secretaria del juzgado, a unos pasos se
encontraba el sujeto (procesado) a quien debía defender, me acerque a él de
forma cortés, me presente, le extendí la mano y le explique lo que sucedería en
el acto y la forma en la que nosotros actuaríamos. Al principio el sujeto me
clavo un mira fría e intimidante, ignore aquello y seguí con mi trabajo, a
medida que conversábamos logramos tener una comunicación más fluida e incluso
sus familiares se acercaron para aportar con mayor información sobre el caso.
La secretaria del juzgado llamó a los sujetos procesales para iniciar con la
audiencia programada.
¿Cómo se desarrolló la audiencia?
Se instaló la audiencia en el despacho de la
autoridad judicial –fue un caso excepcional–. Fue la primera vez que estaba en
frente de un juez; era un hombre con una mirada rígida, llevaba un anillo y
reloj de oro, vestido de traje formal, un buen nudo de corbata. No estaba
seguro si lo que llegara a manifestar le importaría, pues mi apariencia hacia
ver un abogado joven, y eso en nuestro medio es sinónimo de inexperto. Estoy
seguro que tanto: juez, fiscal, procesado, familia del procesado, escoltas
policiales y secretario; subestimaban mi capacidad, ya sus miradas y su tono de
voz al dirigirse hacia mí los delataba. Esto lo hacía más complicado aún, sobre
todo para mis técnicas de automotivación, no teína salida, ya todo estaba listo,
todos los actores en sus lugares y prestos a escuchar las primeras
disposiciones del juez; en ese ínterin yo no lograba todavía acomodar mis hojas
–me encontraba nervioso–. La única salida que tenía era cumplir fielmente la
estrategia de defensa que diseñe la noche anterior. Me notificaron cuarenta y
ocho (48) ahora antes del acto procesal, a raíz de que la causa se venía
suspendiendo ya hace mucho; durante el día estudie los antecedentes del caso y por
la noche preparé la defensa.
El juez inicia el acto preguntando al secretario
el motivo de la presente audiencia, después de recibir la respuesta pasó a
otorgarme la palabra. Comencé de la siguiente manera: 1) Me presente,
seguidamente la introducción del caso; 2) El desarrollo de mi defensa y; 3) Las
conclusiones, acompañadas de mi petición. El desarrollo, la conclusión y la petición
lo hice empleando fundamentos jurídicos básicos y precisos, con el fin de
evitar complicaciones. Mi primera intervención fue sencilla y clara, quede
tranquilo.
Después toma la palabra el fiscal y realiza su
respectivo trabajo –él ya era más canchero por su puesto– al finalizar su
intervención presentó un informe. El juez le dio una rápida leída, después me
lo entrego en las manos para que nosotros revisáramos; no sabía por dónde
comenzar, lo primero que hice fue darle una mirada de arriba-abajo, me costó
refutarlo. Al final se me prendió el foco y respondí lo siguiente “mientras no
exista una imputación formal no puede atribuirse la responsabilidad de un hecho”.
Todo marchaba bien.
¿Qué sentí después de concluido el acto procesal?
Concluido en acto procesal, salí más tranquilo,
conforme con el trabajo que había desarrollado. El auxiliar del juzgado
solicitó mi firma, lo hice, seguidamente lo hizo el procesado; aproveche ese
momento para despedirme de él con la cortesía debida, recibí un gracias del
sujeto, su actitud hacia mí cambió, dejo de verme como una amenaza, la
despedida fue respetuosa. Afuera se encontraba su familia, me dieron las
gracias y me extendieron la mano para despedirse; antes de subir al ascensor
unos de sus familiares me pidió el número del celular, al cual accedí y se lo
di pero era el número que ya no usaba –no me había percatado de aquello–. Todo
termino tranquilo para mí, antes de volver a casa me di un par de vueltas la
plaza 14 de septiembre para distraerme un momento, ni bien llegué al domicilio me
puse a desayunar, eran las 11:00 am. Ya por la tarde debía retomar el trabajo.
En conclusión. Para superar esta primera prueba,
el factor académico fue importante, pero igual de importante fue el aspecto
emocional. Al ser mi primera experiencia sentí muchas emociones: alegría,
inquietud, sorpresa, presión, nervios, entre otros. Esta vivencia supero la
barrera que debe existir entre el trabajo y la vida personal, pues en todo
momento pensaba en la audiencia y nuestro defendido, incluso a momento de
cenar. Sin olvidar la forma en la que fui notificado y el plazo que tenía para
trabajar en la causa; además, la imponente presencia que tenía la autoridad
judicial y todo ese entorno. Todos estos aspectos hacían de mi primera
audiencia oral un reto duro de superar.
Tarde o temprano tenía que experimentar una
situación de estas, para esto nos formamos durante muchos años. Las
experiencias pueden variar entre unos y otros, el hecho es que siempre queda
recuerdos –buenos o malos indistintamente–. Nuestro relato será útil para
profesionales o los que en un futuro lo sean, pues en ella encontrarán la
experiencia vivida de un abogado. Lo más probable es que algún día vivirán en
carne propia lo que nosotros sentimos en su momento. Aquellos profesionales que
ya pasaron por una situación similar, entienden de lo que hablamos. El contar
nuestra vivencia será útil para muchos, en especial para los que están a punto
de participar de una audiencia oral.
Muchas veces escuches decir que lo más importante
era practicar o desenvolverse en la práctica, dejando de lado el tema teórico.
Estamos en desacuerdo con aquella apreciación. Debemos formarnos teóricamente o
conocer los conceptos e ideas básicas de nuestra ciencia, solo de esta manera enfrentaras
las dificultades que se te puedan presentar en el ejercicio de la profesión.
Sin olvidar que a los abogados nos conocen como personas letradas. En mis
primeras experiencias en el ejercicio de la profesión pude observar que la
dificulta se encuentra en la inseguridad, esta se presenta a momento de poner en
práctica los conocimientos que tenemos, dudamos: en plantear un criterio
jurídico, en realizar una fundamentación, en describir la suma de un memorial,
entre muchos otros. El conocimiento teórico es fundamental para desenvolvernos
en la praxis.

